Campesino de Mochuelo

Huerta Los Tunjos, un espacio que une a dos campesinos

Por Claudia Garrido Floyd – Gustavo Roa Sánchez

En el corazón de Los Mochuelos, la historia de dos hombres refleja la pasión y dedicación que caracterizan a los campesinos de la región. José Javier Torres Huertas y don Hilario Cangrejo Torres llevan décadas trabajando la tierra, transmitiendo sus conocimientos y amor por la agricultura a las nuevas generaciones presentes de la zona.

En este artículo, profundizaremos en la historia de estos dos hombres, quienes con el tiempo han fortalecido su vínculo. Mediante sus relatos, desean que las comunidades actuales y futuras valoren la riqueza del entorno rural, reconozcan la importante labor del campesinado de Los Mochuelos para asegurar un futuro sustentable y entiendan el compromiso que toda la sociedad debe asumir para conservar el trabajo en el campo.

José Javier Torres Huertas: un legado de 30 años en el campo

«Mi nombre es José Javier Torres Huertas, y hace aproximadamente 30 años que camino por estos lares», compartió con orgullo. Nacido y criado en Mochuelo, José Javier es un campesino orgulloso que ha dedicado toda su vida a cultivar la tierra. «Nací el 15 de agosto de 1937 aquí en Mochuelo, y desde que tengo uso de razón, mis padres me enseñaron a sembrar. La huerta no la vamos a dejar caer; si alguna vez me he caído, ha sido por alguna enfermedad, pero siempre he seguido adelante porque la agricultura es lo más hermoso que hay en la vida. Es donde conseguimos la comida para nosotros, nuestros hijos y todos los que puedan disfrutar de nuestros productos orgánicos.» Expuso Javier.

Para don Javier, ser campesino significa más que trabajar la tierra: es una forma de vida, un compromiso con la naturaleza y con la comunidad. «En el campo se consiguen las cosas, y uno como campesino está bien. Pero a veces, la gente de la ciudad no entiende nuestro trabajo. Muchas veces no nos compran, nos rechazan las matas porque no las conocen. Nosotros trabajamos duro, sembramos y cultivamos, pero muchas veces no hay quien nos apoye, y eso nos duele.»

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Don Hilario Cangrejo Torres: un vínculo de generaciones

Por su parte, don Hilario, con 80 años, también ha dedicado su vida a la agricultura. «Cultivo el campo porque significa mucho para mí, es como si fuera mi hijo», dice con una sonrisa. Desde los años 80, ha trabajado en la huerta que comparte con don Javier, fortaleciendo un lazo que trasciende generaciones. «Desde que empezó en la huerta, allá por el 85, hemos cultivado con mucho esfuerzo. Nos levantamos temprano, a las seis o siete de la mañana, y trabajamos hasta las cuatro o cinco de la tarde en tareas como sembrar, desyerbar, reservar y rociar.»

Hilario cuida día tras día cada uno de los productos cultivados en su huerta, con 80 años es un fiel testigo de que al campo hay que trabajarlo con amor.

Para don Hilario, la labor campesina es un acto de amor y sacrificio. «Nos toca luchar mucho para tener la comida en la mesa. Muchas veces, cuando vamos a vender nuestros productos, no recibimos nada a cambio. Nos toca regalar casi todo, porque la gente no siempre valora nuestro trabajo.”

Un llamado a valorar la labor campesina

Estos testimonios reflejan la realidad de muchos campesinos en la región: un trabajo arduo, lleno de sacrificios, pero también de un profundo amor por la tierra y la comunidad. Ambos hombres hacen un llamado a la sociedad para valorar y apoyar la labor campesina, que es fundamental para garantizar la seguridad alimentaria y preservar esta tradición.

Unidos por el trabajo en el campo

La historia de José Javier y don Hilario nos recuerda que detrás de cada producto que llega a nuestra mesa hay esfuerzo, dedicación y un compromiso inquebrantable con la tierra. Reconocer y valorar esa labor es un paso importante para fortalecer nuestras raíces y construir un futuro más sostenible para todos.

Enlace video: https://youtu.be/0gE7FRZkOdg